Igual que comprendí que hay muchas cosas que hemos normalizado, globalizado y estandarizado, hoy he comprendido que el lenguaje es una más de todas esas cosas. Ni bueno, ni malo, se trata de una herramienta que se ha vuelto muy poco apropiada para comunicarnos. ¡Qué locura! ¿Qué hacer?
Bien, esto de 'cargarnos el lenguaje' no es una idea descabellada que se me ha cruzado hoy por delante. Digamos que es el fruto de la reflexión moral acerca de cómo nos expresamos -violentamente-, cómo manifestamos nuestros sentimientos -violentamente-, cómo tratamos al prójimo al hablar -violentamente- y cómo nos despreocupamos en realidad, de lo que verdaderamente queremos decir: nuestros sentimientos.
El siguiente paso es no atribuir responsabilidades por nuestros sentimientos ni a otras personas, ni a nada. No diremos nunca '' me hace(s) sentir'', o ''siento esto por tí...'' En vez de eso, seremos conscientes de que la raíz de nuestros sentimientos son las necesidades. Detrás de cada sentimiento hay una necesidad. Ciertos sentimientos nos muestran una obstrucción de nuestro pensamiento que, en lugar de estar directamente conectado con nuestras necesidades, se ha adentrado en otras tierras ajenas.
¿Cuáles son, entonces, los sentimientos que nos dicen que no estamos directamente conectados con nuestras necesidades? Miedo, enfado, depresión, culpa y venganza ( y sus sinónimos). Éstos son muy significativos, y nos dicen que, en este momento estamos desconectando nuestras necesidades. Con ellos estamos -retro-alimentando de juicios morales nuestra cabeza.
El enfado es un juicio moral sobre otro. La depresión, la culpa y la vergüenza son lo mismo sobre nosotros mismos. Y el miedo... ¡qué decir del miedo! ¿A quién alimentará si no es a los demás ni a mi mismo?
Ello nos hace no estar vivos, entendiendo por VIDA la conexión con nuestras necesidades.
Necesidades y preferencias.
Las necesidades no deben incluir referencias específicas. Por lo tanto, no todo lo preferente es necesario, o no lo es tanto como las maneras específicas de satisfacer las necesidades. Más bien, hablamos estrategias, preferencias o peticiones para satisfacer las necesidades.
Entonces, ¿cómo se conecta nuestra necesidad a nuestros sentimientos?
Vayamos a la cabeza del otro y pensemos en esa otra persona. En nuestra profundidad (no hay otra manera) conectamos el sentimiento a la necesidad, porque las necesidades nos dan el mayor poder para con las demás personas. Nuestro poder con la gente aumenta en el mismo sentido en que aumenta la voluntad de los demás de querer darnos. Osea, son directamente proporcionales: soy más de los demás -sin dejar de ser de mí- cuando los demás también quieren ser más de mí. Aunque suena complejo, te invito a leerlo de nuevo. Esta vez, abriendo las posibilidades de tu entendimiento.
Es un disfrute el querer dar. Ese es el misterio del poder con la gente. Y no sólo limitándolo a las personas, sino ampliando la premisa a todos los niveles. ¿Queremos?, podemos.
A pesar de que se nos haya educado en un modelo de ''poder sobre'' mediante castigos y recompensas, este modelo sobre la gente no logra que las cosas que hacemos se hagan realmente por salir de nuestra profundidad y contribuyan a nuestro bienestar o a la vida. Este modelo evita el castigo o logra la recompensa. Si lo que buscamos es el ''poder para'' (la gente, la vida...), la forma mas eficaz de comunicación para lograr esto es dirigir la atención a la gente y sus necesidades, a nuestras necesidades al fin y al cabo, que son las que no se están satisfaciendo.
Cuando toda la atención de la gente está en nuestras necesidades no hay críticas ni exigencias.
[Medita: a qué cosas le prestas atención y de qué manera. Te vas a sorprender, ya que la mayor parte del tiempo fijas tu inquieta atención en cosas realmente superficiales, entregando así tu propia energía de reflexión y de necesidad a otras entidades puramente banales]
Es natural disfrutar dando. Al escuchar críticas o demandas, perdemos la conexión natural (poder para-poder sobre) con el deseo natural de dar que venimos explicando, y en este punto, sólo buscamos defender y atacar.
Consideramos necesario aprender el lenguaje de las necesidades.
Imagina de nuevo que hablas con otra persona y expresas tus razones para sentirte como te sientes. De esta manera, te expresas porque tienes la necesidad o lo necesitas. Así, podemos intentar descifrar qué necesidad nuestra no se está satisfaciendo adecuadamente. Sin incluir la palabra 'tu' aquí, porque volveríamos a mezclar necesidades y preferencias, dejamos al otro fuera e intentamos expresar la necesidad sin hacer referencias a otras personas.
Todas las necesidades son universales. Cualquier ser humano en el mundo tiene las mismas necesidades. Este debería ser el único principio que salvaguardase los Derechos Humanos. Hemos sido creados a partir de la misma energía, es una evidencia que nos dan estas mismas necesidades, y todos necesitamos ser realmente quienes somos, y con ello, ser libres. Sin embargo, lo verdaderamente importante de ser libre viene cuando se vuelve una petición que solamente tú puedes satisfacer. Nadie puede hacerte más libre que tú mismo.
Vamos a concluir: la mente humana influye sobre todo, pero a ésta le influye todo a su vez. Estamos en continua conexión causal con lo que nos rodea, con la Tierra, las personas, las plantas, los animales, los materiales, la energía... porque al final, todo es energía. Tratar de comprenderla, querer ser parte de ella, en lugar de individualizar sentimientos y esfuerzos, puede ayudarnos como individuos y como grupo.
La lucha es diaria, contínua y no es tarea sencilla, pero es francamente reconfortante y gratificante porque significa ayudarnos a nosotros mismos, y al lograrlo, sin querer, estaremos ayudando al entorno a equilibrarse: es importante conectar con nuestro corazón, con nuestra profundidad como seres naturales, dejando de empeñarnos en ser tan artificiales, y evitando romper día a día el contacto natural que se nos ha regalado. Esta humanidad tiene que ser así, porque nos han hecho para estar perdidos, pero no olvidemos que también hoy luce el sol.
Toda mente inquieta busca su camino. Invierte toda su vida en hallarlo. Y, probablemente, eludió lo permitido.
jueves, 12 de enero de 2012
miércoles, 11 de enero de 2012
Ya si eso... mañana...
''Como soy el diablo y aún he sido duende, busqué ocasión de echar una ojeada por el agujero de una cerradura. Su señoría estaba echando un cigarrito al brasero, y con una charada del Correo entre manos que le debía costar trabajo el acertar. 'Es imposible verle hoy, le dije a mi compañero; su señoría está en efecto ocupadísimo.'
La pereza es la verdadera intriga; os juro que no hay otra, ésa es la gran causa oculta:
es más fácil negar las cosas que enterarse de ellas.
[...] pero veo por sus gestos de usted, concluí interrumpiéndome oportunamente a mí mismo, que es muy difícil convencer al que está persuadido de que no se debe convencer.''
Dejemos esta cuestión para mañana, porque ya estarás cansado de leer hoy: si mañana u otro día no tienes, como sueles, pereza de volver a la librería, pereza de sacar tu bolsillo, y pereza de abrir los ojos para ojear las hojas que tengo que darte todavía, te contaré cómo a mí mismo que todo esto veo y conozco y callo mucho más, me ha sucedido muchas vecs, llevado de esta influencia, hija del clima y de otras causas, perder de pereza más de una seguidas; te añadiré que cuando cierran el café me arrastro lentamente a mi tertulia diaria (porque de pereza no tengo más que una), y un cigarrito tras otro me alcanzan clavado en un sitial, y bostezando sin cesar, las doce o la una de la madrugada; que muchas noches no ceno de pereza, y de pereza no me acuesto; en fin, lector de mi alma, te declaré que de tantas veces como estuve en esta vida desesperado, ninguna me ahorqué y siempre fue de pereza.
Y concluyo por hoy confesándote que ha más de tres meses que tengo, como la primera entre mis apuntaciones, el título de este artículo, que llamé Vuelva usted mañana; que todas las noches y muchas tardes he querido durante todo este tiempo escribir algo en él, y todas las noches apagaba mi luz, diciéndome a mí mismo con la más pueril credulidad en mis propias resoluciones: ¡Eh, mañana le escribiré! Da gracias a que llegó por fin este mañana, que no es del todo malo; pero ¡ay de aquel mañana que no ha de llegar jamás!
No será más que una condición. No más que un espejismo. La pereza, como el bien y el mal, no deja de ser un término acuñado para explicar la forma que nos contiene. Lo que M.J. no dejó muy claro, es si elegimos cada una de estas formas o se nos imponen. Si nacemos con la determinación de ser tal cual dejando siempre cosas que hacer al mañana, o podemos evitar las tentaciones diarias que nos introducen de nuevo en esos conceptos ''negativos''. ¿De verdad podemos elegir ser buenos, malos, perezosos o activos? Dispuestos, retraídos, tímidos, locuaces, ansiosos, espléndidos, bondadosos, maliciosos, engreídos, divertidos... ¿o no son más que palabrejas que, en boca de otro, nos intentan definir? ¿Somos realmente lo que oímos ser?
La pereza es la verdadera intriga; os juro que no hay otra, ésa es la gran causa oculta:
es más fácil negar las cosas que enterarse de ellas.
[...] pero veo por sus gestos de usted, concluí interrumpiéndome oportunamente a mí mismo, que es muy difícil convencer al que está persuadido de que no se debe convencer.''
Dejemos esta cuestión para mañana, porque ya estarás cansado de leer hoy: si mañana u otro día no tienes, como sueles, pereza de volver a la librería, pereza de sacar tu bolsillo, y pereza de abrir los ojos para ojear las hojas que tengo que darte todavía, te contaré cómo a mí mismo que todo esto veo y conozco y callo mucho más, me ha sucedido muchas vecs, llevado de esta influencia, hija del clima y de otras causas, perder de pereza más de una seguidas; te añadiré que cuando cierran el café me arrastro lentamente a mi tertulia diaria (porque de pereza no tengo más que una), y un cigarrito tras otro me alcanzan clavado en un sitial, y bostezando sin cesar, las doce o la una de la madrugada; que muchas noches no ceno de pereza, y de pereza no me acuesto; en fin, lector de mi alma, te declaré que de tantas veces como estuve en esta vida desesperado, ninguna me ahorqué y siempre fue de pereza.
Y concluyo por hoy confesándote que ha más de tres meses que tengo, como la primera entre mis apuntaciones, el título de este artículo, que llamé Vuelva usted mañana; que todas las noches y muchas tardes he querido durante todo este tiempo escribir algo en él, y todas las noches apagaba mi luz, diciéndome a mí mismo con la más pueril credulidad en mis propias resoluciones: ¡Eh, mañana le escribiré! Da gracias a que llegó por fin este mañana, que no es del todo malo; pero ¡ay de aquel mañana que no ha de llegar jamás!
No será más que una condición. No más que un espejismo. La pereza, como el bien y el mal, no deja de ser un término acuñado para explicar la forma que nos contiene. Lo que M.J. no dejó muy claro, es si elegimos cada una de estas formas o se nos imponen. Si nacemos con la determinación de ser tal cual dejando siempre cosas que hacer al mañana, o podemos evitar las tentaciones diarias que nos introducen de nuevo en esos conceptos ''negativos''. ¿De verdad podemos elegir ser buenos, malos, perezosos o activos? Dispuestos, retraídos, tímidos, locuaces, ansiosos, espléndidos, bondadosos, maliciosos, engreídos, divertidos... ¿o no son más que palabrejas que, en boca de otro, nos intentan definir? ¿Somos realmente lo que oímos ser?
domingo, 8 de enero de 2012
Libro de los sueños
He descubireto algo interesante, buceando en mí misma. No podía ser de otra manera.
Nos empeñamos en utilizar manuales de todo (libros, documentos, escritos, leyes, informaciones...) para dar sentido a nuestra propia existencia. Desde descifrar los misterios de la humanidad (Historia) o aprender algo sobre nuestra composición (Física/Química/Biología) a intentar averiguar para qué estamos aquí y si tenemos o no un destino (Filosofía, Psicología) , pasando cómo no, por todas las demás -inservibles- pseudociencias, como la Social y la Política.
A mi juicio, que no deja nunca de ser únicamente una perspectiva, no existe más que UNA ''ciencia'' que lo engloba todo. Y a pesar de ello, seguimos empeñados en crear miles a raíz de ésta.
Sigamos por este sendero, que parece que trae traca. Dualidad, nuevamente: Nosotros y el Universo. No sé si por evolución o por necesidad -misma cosa, distinto nombre-, el ser humano se ve forzado día a día a cuestionarse las situaciones de su vida. No digo que esto sea malo, jamás el regalo de pensar fue una desgracia, pero si que es importante recalcar que quizá estemos pensando continuamente mal.
En la primera de las dos grandes separaciones que he expuesto, encontramos tal diversidad de mentes, de sentimientos, de conocimientos, de situaciones, de vidas... que partiendo solamente de esto, considero imposible que haya una sola manera (Ciencia) para entendernos y entender al otro gran Bloque: El Mundo.
En la entrada anterior, se sugirió la idea de que podemos ser parte de ese mundo de una manera que hoy en día no comprendemos; que puede que esté vivo, como lo estamos nosotros, y por tanto, puede a su vez, que tenga una consciencia.
Hoy en día, estamos bastante bien aislados de todo eso. Se nos impone como obligación sacar buenas notas para poder entrar con un gran cartelón de Bienvenida en el mundo de todos. Pero, ¿y si el Mundo fuese individual? Estamos muy empeñados en aprender al dedillo y vomitar todos esos conocimientos derivados de la nada. Al fin y el cabo, cada conocimiento que se nos impone como cierto, no es más que la visión subjetiva de un individuo. Esa visión se oficializa y se da a conocer (premiándose en ocasiones con premios tan controvertidos como los Nobel), y no sólo eso, se hace Verdad, para todos.
El verdadero reto es encontrar otra forma de verlo. No está tan lejos. Realmente, somos lo que conocemos. Por lo tanto, el reto es conocerse. Ya que visto lo visto, al mundo y sus verdades parece que ya las requeteconocemos, hasta el punto en que podemos tachar a alguien de insulso, cateto, o poco alfabetizado si se nos contradicen.
Igual que no se puede asegurar que el cielo sea azul, ni que la nieve sea sólida, entonces, no se puede asegurar nada. Tampoco podemos demostrar todo esto y creo que, probablemente, nisiquiera estamos aquí para ello-¡cómo se lamentarían los científicos y demás estudiosos!-. Si entendiésemos esto, si la visión cambiase, habría un ápice de libertad semi-absoluta (únicamente gobernada por una entidad Natural), y nuestra regulación interna sería nuestro quebradero de cabeza más complejo (y aún así, seguiría semi-controlado desde fuera). Vamos, que no habría ni por qué ni de qué preocuparse. Al menos, nada en comparación con las preocupaciones, obligaciones, deberes y sometimientos que aquí sentimos.
He descubierto que las verdaderas enseñanzas las traemos 'de fábrica', y van impregnando el ADN, y con él, todo nuestro ser. El resto, me sobra. Por eso, mirando un poco dentro, hoy he encontrado mi propia respuesta individual. ¿Para qué? Para mí misma. No podía ser de otra manera. ¡Qué felicidad!
Estoy harta de no poder expresar nunca bien lo que quiero decir. Releo y no saco conclusiones, porque lo que siento al decir todo eso, no se explica con una palabra, por muy rebuscada que se halle. Me fatiga la mente y me tambalea el alma cuando tengo que dar explicaciones (orales o escritas). Mis disculpas.
Nos empeñamos en utilizar manuales de todo (libros, documentos, escritos, leyes, informaciones...) para dar sentido a nuestra propia existencia. Desde descifrar los misterios de la humanidad (Historia) o aprender algo sobre nuestra composición (Física/Química/Biología) a intentar averiguar para qué estamos aquí y si tenemos o no un destino (Filosofía, Psicología) , pasando cómo no, por todas las demás -inservibles- pseudociencias, como la Social y la Política.
A mi juicio, que no deja nunca de ser únicamente una perspectiva, no existe más que UNA ''ciencia'' que lo engloba todo. Y a pesar de ello, seguimos empeñados en crear miles a raíz de ésta.
Sigamos por este sendero, que parece que trae traca. Dualidad, nuevamente: Nosotros y el Universo. No sé si por evolución o por necesidad -misma cosa, distinto nombre-, el ser humano se ve forzado día a día a cuestionarse las situaciones de su vida. No digo que esto sea malo, jamás el regalo de pensar fue una desgracia, pero si que es importante recalcar que quizá estemos pensando continuamente mal.
En la primera de las dos grandes separaciones que he expuesto, encontramos tal diversidad de mentes, de sentimientos, de conocimientos, de situaciones, de vidas... que partiendo solamente de esto, considero imposible que haya una sola manera (Ciencia) para entendernos y entender al otro gran Bloque: El Mundo.
En la entrada anterior, se sugirió la idea de que podemos ser parte de ese mundo de una manera que hoy en día no comprendemos; que puede que esté vivo, como lo estamos nosotros, y por tanto, puede a su vez, que tenga una consciencia.
Hoy en día, estamos bastante bien aislados de todo eso. Se nos impone como obligación sacar buenas notas para poder entrar con un gran cartelón de Bienvenida en el mundo de todos. Pero, ¿y si el Mundo fuese individual? Estamos muy empeñados en aprender al dedillo y vomitar todos esos conocimientos derivados de la nada. Al fin y el cabo, cada conocimiento que se nos impone como cierto, no es más que la visión subjetiva de un individuo. Esa visión se oficializa y se da a conocer (premiándose en ocasiones con premios tan controvertidos como los Nobel), y no sólo eso, se hace Verdad, para todos.
El verdadero reto es encontrar otra forma de verlo. No está tan lejos. Realmente, somos lo que conocemos. Por lo tanto, el reto es conocerse. Ya que visto lo visto, al mundo y sus verdades parece que ya las requeteconocemos, hasta el punto en que podemos tachar a alguien de insulso, cateto, o poco alfabetizado si se nos contradicen.
Igual que no se puede asegurar que el cielo sea azul, ni que la nieve sea sólida, entonces, no se puede asegurar nada. Tampoco podemos demostrar todo esto y creo que, probablemente, nisiquiera estamos aquí para ello-¡cómo se lamentarían los científicos y demás estudiosos!-. Si entendiésemos esto, si la visión cambiase, habría un ápice de libertad semi-absoluta (únicamente gobernada por una entidad Natural), y nuestra regulación interna sería nuestro quebradero de cabeza más complejo (y aún así, seguiría semi-controlado desde fuera). Vamos, que no habría ni por qué ni de qué preocuparse. Al menos, nada en comparación con las preocupaciones, obligaciones, deberes y sometimientos que aquí sentimos.
He descubierto que las verdaderas enseñanzas las traemos 'de fábrica', y van impregnando el ADN, y con él, todo nuestro ser. El resto, me sobra. Por eso, mirando un poco dentro, hoy he encontrado mi propia respuesta individual. ¿Para qué? Para mí misma. No podía ser de otra manera. ¡Qué felicidad!
Estoy harta de no poder expresar nunca bien lo que quiero decir. Releo y no saco conclusiones, porque lo que siento al decir todo eso, no se explica con una palabra, por muy rebuscada que se halle. Me fatiga la mente y me tambalea el alma cuando tengo que dar explicaciones (orales o escritas). Mis disculpas.
jueves, 5 de enero de 2012
El mayor bien es pequeño
Sabemos que en la Naturaleza, absolutamente nada es Cierto ni Incerto. A veces, echar el ancla en una opción nos limita pero no lo apreciamos(aunque sea la opinión mayoritariamente aceptada) a sabiendas de que es imposible que una ÚNICA opción lo revele TODO. La siguiente, No es una reflexión destructiva, ni mucho menos. Al revés más bien. Hoy pretendo explicar lo que he meditado a lo largo de este largo día.
Imaginemos que el cosmos es habitado por diversos tipos de vida. Diversos, múltiples, casi inimaginables a priori. Tan variopintos, curiosos y apasionantes como los que encontramos en nuestro propio Planeta. Vida, en sus diversas formas y manifestaciones. Así, tal y como aquí investigamos los fenómenos naturales -los llamamos 'reales'- y convivimos con seres que habitán esta y otras dimensiones, en todos los demás lugares del universo podría suceder lo mismo, hasta incluso, a niveles ínfimos no comprendidos. Hoy hablamos de la Vida, el mayor de los bienes conscientes.
A mi parecer, es un error considerar que LA VIDA (biológicamente hablando) la conformen los seres que cumplan unas determinadas normas vitales que son las que la Biología actual considera oportunas para sustentar la base del florecimiento de la vida en la Tierra. Los requisitos a cumplir para ser considerado vivo:
-Auto-regularse y retro-alimentarse con el medio ambiente.
-Auto-regular sus procesos y el ambiente internos
-Reconocer y responder ante estímulos
-Ordenarse en entropía / evolucionar.
-Nacer de otro ser vivo.
-Reproducirse.
Todas las células que nos conforman cumplen los requisitos de la vida, por lo cual, nosotros podemos asegurar que estamos vivos. Cualquier ser que se califique como tal, debe considerar e incluir estos requisitos. Sin embargo, explicar el surgimiento de la vida desde algo que nunca estuvo vivo, atenta directamente contra uno de esos mismos principios -y a los demás, por ende-. Decir que la vida se originó por la simbiosis de organismos eucariotas y quimiosintéticos (la única manera que se ocurrió a los científicos de poder llenar la Tierra de Oxígeno para hacerla habitable y crear una atmósfera propicia), es decir, microorganismos no-vivos, es partir de una mala base para certificar tales postulados. Aun así, de ser estos los criteros a seguir para certificar la vida, y como ejemplo para pararse a pensar, ¿qué nos hace pensar que la Tierra no es también VIDA? Su comportamiento es similar al de cualquier célula de nuestro organismo puesto que se regula, responde a estímulos, se re-ordena periódicamente y evoluciona. Es más, se relaciona con el medio (interior y exterior), tiene unos complicados -y hasta hoy día, inexplicables- procesos internos de equilibrio, corrientes de convección, creación y destrucción del relieve exterior, regula la orogénesis, los océanos, su campo magnético le otorga un increíble poder acomodador en el Universo, regula la salinidad marina atuomáticamente, se oxigena (respira) ... Y lo más importante, mantiene y propicia el resto de la vida.
Sólo por que no sabemos cómo nació o de dónde pudo provenir, cesamos en el empeño de creerla con vida. En cuanto a la reproducción, nosotros somos tan jóvenes y tan inexpertos en nuestro propio Planeta, que desconocemos si esto pudiera suceder. Nisiquiera viviremos para conocerlo, caso de que el planeta se reproduzca en un ciclo más largo que el que nosotros abarquemos como especie sobre él.
¿Y los virus? Suponen otra excepción científica al caso expuesto de lo que es y lo que no es la vida. Ni siquiera los propios científicos pueden ponerse de acuerdo al respecto...
Y entonces, ¿sabemos lo que es la VIDA?
¿Y qué es Vivir?
¿Qué sabemos? Bien. No tengo respuesta. Pero sé que no sabemos nada. Esto no es nuevo, ya lo venía vaticinando Descartes tiempo ha. Sé que no puedo asegurar que TODO sea mentira (temiendo que lo que he estudiado, leído y aprendido probablemente lo sea), pero sí que puedo presuponer que haya otras verdades. Hay tantas verdades como espectadores la perciben. No necesitamos la física cuántica para ello. De verdad. Lo cierto es que por nuestra capacidad tan diferente de percibir la realidad, la verdad es inherente depende y cambia con quien la percibe.
Y hablando de todo un poco, hay Instituciones que nos ayudan a descifrar estas dudas; sabemos que la NASA no es un organismo que nos sirva a nosotros, sino que trabaja para la élite: se ocupa más de complacer a los intereses de éstos seres enfermos, locos, irrefrenablemente ambiciosos. Por tanto, son quienes tienen el control que se arroja sobre los datos acerca del origen de la Vida. Al fin y al cabo, es exactamente lo mismo que sucede a todos los niveles.
Todas estas explicaciones son rigurosamente verdaderas por el hecho de ser ''científicas''. Recordamos que la CIENCIA parte del famoso Principio de Incertidumbre, en el cual, como no sé nada, tengo que inventar un principio, que, a mi entender y a mi percepción, les parece cierto. Ahora, transformar eso en dogma, en fe ciega y adoctrinar con ello a generaciones y generaciones, es crear el Estado de Malestar que nos acompañará en la vida.
La ciencia no es un dogma. He dicho.
Me da la impresión de que la humanidad no comprende la magnitud y la gravedad del problema que esto trae consigo. Vaya, yo tampoco lo entiendo en realidad. Pero siento que no estoy aquí para plantearme hoy eso. Hoy estoy yendo un poquito más allá, sin dejar de pensar qué puedo hacer para ayudarme, al menos, y si servirá de alguna manera.
El problema de la ciencia, desde siempre, ha sido pretender poner nombre a lo que ya existe, experimentar con lo que ya es de por sí “naturalmente perfecto” y catalogar lo que no necesita de otros nombres. A los científicos de alto standing se les suele encumbrar como si fueran sobrehumanos, de un tipo diferente al común de los mortales y muy por encima del común de los mortales. Y de ahí la idea: cuanto más reconocido sea alguien, peor.
Esto es casi parecido a el polvo recogido de varios meses debajo del tapete de casa, alguien lo destapa y la mayoria dice ” YO NO SABIA QUE ESTO SE ESCONDIA AQUI”. Si nos mienten en cosas terrenales tales como las guerras (Irak, Afganistan, Libia…etc) terrorismo (Bin Laden, 11S, 11M…etc) enfermedades (cáncer, sida…etc)...cualquier otra cosa no me parecería rara. ¿Por qué no engañar a todo el mundo desde su infancia, contarles cuentos malditos como estos para envenar su imaginación, desinhibir sus instintos vitales con la comida y anular nuestras capacidades -increíbles, seguro- con pasatiempos?
La desinformacion es grande, la malinterpretación mayor, el entendimiento nulo y yo también siento mermar mis capacidades a cada día que vivo. No saco nada en claro. No. Hoy tampoco.
Imaginemos que el cosmos es habitado por diversos tipos de vida. Diversos, múltiples, casi inimaginables a priori. Tan variopintos, curiosos y apasionantes como los que encontramos en nuestro propio Planeta. Vida, en sus diversas formas y manifestaciones. Así, tal y como aquí investigamos los fenómenos naturales -los llamamos 'reales'- y convivimos con seres que habitán esta y otras dimensiones, en todos los demás lugares del universo podría suceder lo mismo, hasta incluso, a niveles ínfimos no comprendidos. Hoy hablamos de la Vida, el mayor de los bienes conscientes.
A mi parecer, es un error considerar que LA VIDA (biológicamente hablando) la conformen los seres que cumplan unas determinadas normas vitales que son las que la Biología actual considera oportunas para sustentar la base del florecimiento de la vida en la Tierra. Los requisitos a cumplir para ser considerado vivo:
-Auto-regularse y retro-alimentarse con el medio ambiente.
-Auto-regular sus procesos y el ambiente internos
-Reconocer y responder ante estímulos
-Ordenarse en entropía / evolucionar.
-Nacer de otro ser vivo.
-Reproducirse.
Todas las células que nos conforman cumplen los requisitos de la vida, por lo cual, nosotros podemos asegurar que estamos vivos. Cualquier ser que se califique como tal, debe considerar e incluir estos requisitos. Sin embargo, explicar el surgimiento de la vida desde algo que nunca estuvo vivo, atenta directamente contra uno de esos mismos principios -y a los demás, por ende-. Decir que la vida se originó por la simbiosis de organismos eucariotas y quimiosintéticos (la única manera que se ocurrió a los científicos de poder llenar la Tierra de Oxígeno para hacerla habitable y crear una atmósfera propicia), es decir, microorganismos no-vivos, es partir de una mala base para certificar tales postulados. Aun así, de ser estos los criteros a seguir para certificar la vida, y como ejemplo para pararse a pensar, ¿qué nos hace pensar que la Tierra no es también VIDA? Su comportamiento es similar al de cualquier célula de nuestro organismo puesto que se regula, responde a estímulos, se re-ordena periódicamente y evoluciona. Es más, se relaciona con el medio (interior y exterior), tiene unos complicados -y hasta hoy día, inexplicables- procesos internos de equilibrio, corrientes de convección, creación y destrucción del relieve exterior, regula la orogénesis, los océanos, su campo magnético le otorga un increíble poder acomodador en el Universo, regula la salinidad marina atuomáticamente, se oxigena (respira) ... Y lo más importante, mantiene y propicia el resto de la vida.
Sólo por que no sabemos cómo nació o de dónde pudo provenir, cesamos en el empeño de creerla con vida. En cuanto a la reproducción, nosotros somos tan jóvenes y tan inexpertos en nuestro propio Planeta, que desconocemos si esto pudiera suceder. Nisiquiera viviremos para conocerlo, caso de que el planeta se reproduzca en un ciclo más largo que el que nosotros abarquemos como especie sobre él.
¿Y los virus? Suponen otra excepción científica al caso expuesto de lo que es y lo que no es la vida. Ni siquiera los propios científicos pueden ponerse de acuerdo al respecto...
Y entonces, ¿sabemos lo que es la VIDA?
¿Y qué es Vivir?
¿Qué sabemos? Bien. No tengo respuesta. Pero sé que no sabemos nada. Esto no es nuevo, ya lo venía vaticinando Descartes tiempo ha. Sé que no puedo asegurar que TODO sea mentira (temiendo que lo que he estudiado, leído y aprendido probablemente lo sea), pero sí que puedo presuponer que haya otras verdades. Hay tantas verdades como espectadores la perciben. No necesitamos la física cuántica para ello. De verdad. Lo cierto es que por nuestra capacidad tan diferente de percibir la realidad, la verdad es inherente depende y cambia con quien la percibe.
Y hablando de todo un poco, hay Instituciones que nos ayudan a descifrar estas dudas; sabemos que la NASA no es un organismo que nos sirva a nosotros, sino que trabaja para la élite: se ocupa más de complacer a los intereses de éstos seres enfermos, locos, irrefrenablemente ambiciosos. Por tanto, son quienes tienen el control que se arroja sobre los datos acerca del origen de la Vida. Al fin y al cabo, es exactamente lo mismo que sucede a todos los niveles.
Todas estas explicaciones son rigurosamente verdaderas por el hecho de ser ''científicas''. Recordamos que la CIENCIA parte del famoso Principio de Incertidumbre, en el cual, como no sé nada, tengo que inventar un principio, que, a mi entender y a mi percepción, les parece cierto. Ahora, transformar eso en dogma, en fe ciega y adoctrinar con ello a generaciones y generaciones, es crear el Estado de Malestar que nos acompañará en la vida.
La ciencia no es un dogma. He dicho.
Me da la impresión de que la humanidad no comprende la magnitud y la gravedad del problema que esto trae consigo. Vaya, yo tampoco lo entiendo en realidad. Pero siento que no estoy aquí para plantearme hoy eso. Hoy estoy yendo un poquito más allá, sin dejar de pensar qué puedo hacer para ayudarme, al menos, y si servirá de alguna manera.
El problema de la ciencia, desde siempre, ha sido pretender poner nombre a lo que ya existe, experimentar con lo que ya es de por sí “naturalmente perfecto” y catalogar lo que no necesita de otros nombres. A los científicos de alto standing se les suele encumbrar como si fueran sobrehumanos, de un tipo diferente al común de los mortales y muy por encima del común de los mortales. Y de ahí la idea: cuanto más reconocido sea alguien, peor.
Esto es casi parecido a el polvo recogido de varios meses debajo del tapete de casa, alguien lo destapa y la mayoria dice ” YO NO SABIA QUE ESTO SE ESCONDIA AQUI”. Si nos mienten en cosas terrenales tales como las guerras (Irak, Afganistan, Libia…etc) terrorismo (Bin Laden, 11S, 11M…etc) enfermedades (cáncer, sida…etc)...cualquier otra cosa no me parecería rara. ¿Por qué no engañar a todo el mundo desde su infancia, contarles cuentos malditos como estos para envenar su imaginación, desinhibir sus instintos vitales con la comida y anular nuestras capacidades -increíbles, seguro- con pasatiempos?
La desinformacion es grande, la malinterpretación mayor, el entendimiento nulo y yo también siento mermar mis capacidades a cada día que vivo. No saco nada en claro. No. Hoy tampoco.
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